Historia de Azeroth

El primer Guardián

2.610 AÑOS ANTES DEL PORTAL OSCURO

Durante décadas, los primeros miembros del Concilio de Tirisfal persiguieron y desterraron a cuantos demonios encontraron de forma discreta. Cuando se veían obligados a enfrentarse a enemigos muy poderosos, los miembros del concilio canalizaban sus poderes en un único individuo que ejercerían como recipiente único de su poder durante un tiempo limitado.

El ritual para transferir tanto poder a un único campeón era peligroso, y por ello solo recurrían a él en situaciones desesperadas. El ritual requería que todos los miembros del concilio se reunieran a él en situaciones desesperadas. El ritual requería que todos los miembros del concilio se reunieran físicamente, lo que los hacía vulnerables. Además, existía el riesgo de que el enorme flujo de energía destruyera a su campeón. Pero si sobrevivía, el campeón podía incluso derrotar a los agentes más poderosos de la Legión Ardiente. A pesar de los riesgos, el concilio empleó ese ritual con éxito durante muchos años.

Pero todo cambió cuando un señor del terror llamado Kathra’natir se infiltró en Dalaran. El astuto demonio acechaba entre las torres de la ciudad, extendiendo su influencia corruptora por los corazones y las mentes de sus ciudadanos. Una horrible plaga se apoderó de Dalaran. La expansión de l enfermedad, además, suscitó un clima de paranoia y desconfianza.

Tras investigar estos sucesos, el Concilio de Tirisfal descubrió al demonio y se enfrentó a Kathra’natir. Los magi pronto comprobaron que su enemigo era demasiado fuerte y rápidamente ejecutaron el ritual para empoderar a un alto elfo llamado Aertin Manobrillante como campeón. Aertin se lanzó contra Kathra’natir invocando el poder del concilio, pero el astuto demonio aprovechó la situación en su beneficio. En vez de enfrentarse al campeón, atacó a los otros miembros del concilio, indefensos tras ceder parte de su poder a Aertin. El ataque sombrío de Kathra’natir rompió la conexión entre el concilio y su campeón, lo que debilitó a Aertin y permitió al demonio acabar con él. Solo la intervención de un joven semielfo llamado Alodi evitó la destrucción del concilio.

Con cautela, el concilio se preparó para una nueva batalla, pero esta vez como magi individuales, sin un campeón que algutinara sus poderes. Kathra’natir se deleitó con la confusión del concilio y aprovechó su falta de organización para vencerlos.Alodi

Esta nueva derrota quebró la confianza del Concilio de Tirisfal. Los magi sabían que no podían acabar con Kathra’natir por sí solos pero tampoco confiar en el ritual de empoderamiento.

Cuando toda esperanza parecía perdida, Alodi y sus aliados descubrieron una nueva manera de emplear su poder, una que no requería que los miembros del concilio estuvieran presentes en la batalla. A través de un complejo ritual, era posible transferir una porción de su poder a un individuo de forma permanente. Alodi fue el primero en probar esta técnica experimental y, cuando el ritual culminó con éxito, se proclamó no campeón de concilio, sino su Guardián.

Con sus nuevos poderes, Alodi se enfrentó a Kathra’natir y desterró al señor del terror a las profundidades de El Vacío abisal. Aclamado como un héroe, Alodi se convirtió en el primer Guardián de Tirisfal. Empleó sus grandes poderes para extender su vida y, durante cien años, dio caza a los esbirros de la Legión. Pasado un siglo, Alodi renunció a sus poderes voluntariamente para vivir el resto de sus días en paz y tranquilidad.

Así empezó la tradición del Guardián. Cada siglo, un nuevo mago dedicaba su vida a proteger Azeroth. Los magi elegidos por el concilio demostrarían su humildad y su virtud renunciando voluntariamente a sus extraordinarios poderes tras cien años de servicio.

Durante más de un milenio, una era de prosperidad sin precedentes reinó en todo Azeroth. Aunque era imposible erradicar del todo el conflicto y el sufrimiento, los Guardianes protegieron el mundo de la amenaza de los demonios. Mientras estos nobles héroes libraban su solitaria guerra secreta contra la Legión, Dalaran continuó siendo uno de los mayores centros de conocimiento e investigación arcanos del mundo.

Ref: Crónicas Volumen 1. Pag. 135-136

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