Historia de Azeroth

Las Guerras Trol, Parte II: Fuego desde los cielos

El rey Thoradin mantuvo un ojo avizor sobre el creciente conflicto entre los altos elfos y los trols. Sus exploradores regresaban a Strom con historias de columnas de humo alzándose hacia el cielo a lo largo de la frontera de Quel’Thalas y de cadáveres élficos mutilados desperdigados por los antaño tranquilos bosques del norte. Era evidente que los trols estaban venciendo, pero Thoradin se aferraba a su testaruda convicción de que intervenir pondría en peligro de forma innecesaria a su pueblo.

Sin embargo, Thoradin cambió de opinión cuando un grupo de embajadores altos elfos enviados por el Rey Anasterian Caminante del Sol llegaron sin avisar a Strom. Thoradin escuchó horrorizado sus relatos sobre la brutalidad de los Amani y sobre los extraños semidioses que luchaban a su lado.

La amenaza Amani era mayor de lo que Thoradin y sus consejeros imaginaban. Los altos elfos argumentaron que, sin la ayuda de los humanos, los trols pronto destruirían Quel’Thalas, tras lo cual lanzarían a sus sangrientas partidas de guerra contra la misma Strom.

Tras la reunión, Thoradin consultó a sus asesores. Todos estaban de acuerdo en establecer una alianza con los elfos, pero también eran conscientes de que Arathor carecía de la fuerza necesaria para entrar en conflicto abierto con los trols. Thoradin y sus asesores debatieron hasta altas horas de la noche antes de llegar a una conclusión: si los humanos aprendían a usar la magia, quizás podrían inclinar la balanza a su favor.

La magia de los elfos era legendaria entre los humanos, pero estos nunca habían aprendido sus secretos. Aunque Thoradin desconfiaba profundamente de cualquier forma de hechicería, sabía que sus tropas la necesitarían para derrotar a los Amani. Al día siguiente, Thoradin se presentó ante los embajadores con una oferta: a cambio de su apoyo militar, los elfos enseñarían a los humanos a emplear la magia.

Los altos elfos enviaron mensajeros para consultar con el rey Anasterian. Como todos los de su especie, el rey conocía bien los peligros de la magia descontrolada. Educar en su uso a los humanos podría resultar desastroso. No obstante, por mucho que esta posibilidad le inquietara, su gente se enfrentaba a la extinción. Sabiendo que no tenía elección, el rey consintió que los altos elfos enseñaran a cien humanos los caminos más rudimentarios de la magia.

Al poco tiempo, los magi elfos se desplazaron a Strom y rápidamente iniciaron el aprendizaje de los humanos. Al cabo de algunos meses, los maestros advirtieron algo extraordinario en sus alumnos: aunque los humanos adolecían de una importante falta de refinamiento y sutileza en sus encantamientos, poseían una sorprendente afinidad natural con la magia.

Mientras tanto, Thoradin ordenó a sus generales construir un bastión en la base de las Montañas de Alterac que serviría de punto de salida para su ofensiva contra los trols. A su vez, los generales de Thoradil edificaron otras toscas fortificaciones con los Páramos del Este, una franja de fértiles colinas al este de los Claros de Tirisfal.

Una vez los elfos educaron a los magi humanos, Arathor inició su ofensiva. Más de veinte mil soldados humanos se agruparon en la Fortaleza de Alterac. Desde allí, el mismo Thoradil lideró a sus tropas hacia Quel’Thalas. Sin embargo, no llevó consigo a los cien magi humanos, que permanecieron ocultos tras las murallas de Alterac. Si los acontecimientos se desarrollaban como Thoradin esperaba, los magi desempeñarían un papel específico en la guerra…

Los generales Igneaus y Lordain formaron la vanguardia de los ejércitos de Arathor. Cabalgaron día por delante del ejército principal, masacrando a los exploradores y grupos de asalto trols que se cruzaban en su camino. Tras varias semanas de dura marcha, los eércitos de Arathor finalmente alcanzaron las inmediaciones de Quel’Thalas y cargaron sobre el flanco sur de los Amani. A la vez, los altos elfos lanzaron un contraataque desde el norte que diezmó el frente de las tropas trol.

Los Amani se encontraban atrapados entre dos frentes, pero Jintha aún confiaba en la victoria de los trols. Que los elfos hubieran forjado una alianza con los primitivos humanos era una prueba de su desesperación. Aunque los Arathi tenían fama de ser fieros guerreros, no poseían habilidades mágicas ni la disciplina den combate de los elfos. Los humanos no eran más que una pequeña molestia que Jintha aplastaría con facilidad. Dispuesto a destruir los ejércitos de Arathor, Jintha dirigió sus soldados hacia el sur para aplastar a los humanos. Una vez acabaran con los humanos, sus tropas se concentrarían de nuevo sobre Quel’Thalas y exterminarían a los elfos de una vez por todas.

Por orden de Thoradin, los humanos iniciaron una lenta retirada hacia Alterac. Durante semanas de cruentos y brutales combates, los confiados Amani persiguieron a los ejércitos de Arathor hacia las montañas.

Mientras los humanos se desplazaban hacia el sur, los elfos salieron de Quel’Thalas y marcharon hacia Alterac, hostigando la retaguardia de los trols y reduciendo poco a poco sus efectivos.

Cuando los humanos alcanzaron finalmente la Fortaleza de Alterac, Thoradin contempló con satisfacción que los amani aún los perseguían. Preparó a sus tropas para el inminente ataque. Una mañana, mientras la niebla envolvía las colinas de Alterac, el ejército trol cayó sobre los humanos. Aun viéndose superados en número, los Arathi lucharon con una tenacidad inesperada. La batalla duró días sin que ningún bando cediera terreno. Al poco tiempo, los altos elfos llegaron desde el norte y atacaron a los Amani desde un segundo frente.

Cuando los humanos y los elfos sintieron que habían infligido suficientes pérdidas a sus enemigos, revelaron su arma secreta: los cien magi humanos. Thoradin los había mantenido ocultos en la Fortaleza de Alterac desde el inicio de la guerra. Había llegado la hora de comprobar su valía en la batalla.magis.png

Junto a los hechiceros elfos, los humanos invocaron sus nuevos poderes. En vez de atacar individualmente, los magi recurrieron a una táctica sin precedentes: combinaron sus poderes y tejieron un único y temible hechizo. Las montañas de Alterac se estremecieron mientras lenguas de fuego emergían de un cielo enrogecido como la sangre. Las fuerzas mágicas atraparon al ejército Amani en una enorme deflagración, calcinando a trols y loa de forma indiscriminada.

Jintha fue uno de los primeros Amani en ser consumido por las llamas mágicas. Tras perder a su líder, las tropas trol rompieron filas y huyeron hacia el norte. Los elfos y los humanos les dieron caza, masacrando a todos los Amani que encontraron.

La batalla fue devastadora para las pretensiones de los emisarios Zandalari. Tan confiados estaba en la victoria que ahora regresarona su isla avergonzados. Para ellos, la derrota marcó un punto de inflexión en la historia de los trols, del cual quizá nunca se recuperarían.

Sin embargo, para Quel’Thalas y Arathor la guerra marcó el principio de una nueva era dorada. Durante meses tras el fin del conflicto, las calles de Strom y de la Ciudad d Lunargenta vivieron celebraciones constantes. Además, los agradecidos elfos prometieron lealtad eterna a Arathor y a los descendientes de Thoradin.

Ref: Cronicas Volumen 1. Pag 130-131

 

 

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